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miércoles, 26 de abril de 2017

SECRETOS DE UN TIEMPO


Nada  como este presente de ayer
multiplicado en tus ojos,
sereno, la mente despierta.
La rama de un árbol nos toca la frente,
bautiza el otoño de puerta entreabierta.
Yo tengo un collar y enhebro las perlas
con  luz  de un ángel alado,
con cierto bagaje de culpas y sol  anhelado,
le pido permiso al cerrar el día.
Algún disco que gira en tu lugar soñado,
que vino  a salvarnos la vida, de a poco.
Tras el derrumbe, la magia, lo es todo.
Verte después del recuerdo
en acordes pendientes de un  plan,
que nos traza el camino.
El parque se aísla y nos presta el abrigo.
No te había soñado caminar conmigo,
es raro el momento, vueltera la vida,
la noche  imaginada, pura compañía,
más que otra manía de andar por las nubes.
Si siempre te tuve en visón borrosa
la vida nos puso de este lado,
al bies de las cosas
y somos un algo que empieza a tenderse la mano
a juntar las hojas de el árbol lejano.
Me sorprende los años que el tiempo
puede guardar los secretos.
Ya no es necesario decirte que sí,
es más que concreto el insomnio
pensando que, al fin,
 te encuentro y somos así,
lo mejor de este otoño.

Claudia Brancati


lunes, 23 de enero de 2017

Fluir

Un horizonte, un par de calles 
No sé si es tu mirada, la mía
o varias lunas parecidas entre sí.
En secreto, te digo,
para que quede entre nosotros,
que fluir no es cosa fuera del milagro,
de un lunes otra vez,
y conocerte
es de esas tardes en las que no ves la noche,
cuando la sorpresa pasa a ser cercana
y corre como el agua de un arroyo
sin conflicto con las piedras,
sin la tensión de la hoja que cayó del árbol
y no sabe adónde el viento,
mejor dicho, no piensa en él,
ya no hay adónde,
más que el fluir.
Enhebra un hilo, otro y otro,
se hace barco.
Y así puedo nadar en vos.
Ni aún un gato enrarecido
que salta por los muros,
ya no importa
si es palmera, higuera o eucalipto,
nada cambia esta magia, este al bies
de las razones
mientras fluyen las palabras
y no huyo.



lunes, 9 de enero de 2017

Silencio

Silencio,
he barrido la casa.
Un entrevero de hojas y flores en el jardín
mantiene el desorden vital.
Solo el corazón,
desatado de un pasado lluvioso,
anda prolijo por los rincones.
Me siento, me inclino, me encorvo
como si quisiera mirármelo;
o no, mejor como si quisiera
atraparme en ese hueco
donde estoy yo.
Las cosas han cambiado de ritmo,
ese golpeteo lento en el que son posibles
las miradas
y uno puede retener los ojos del otro
después de un rato.
Grandes, brillosos preguntando
por el hilo de tristeza
que me une a un no sé qué a lo lejos,
donde suelen alojarse las miradas,
me dice,
y yo le digo: no es tristeza, es paz.
Esa paz del golpe bajo
que te deja pensando en amarillo.
No soy de esos ángeles con alitas
soy este silencio corto
solo cuando la tarde se hunde
en el rayo que llega a la ventana,
entonces la abro
me miro en los cristales
barriendo el otoño
y entiendo que toda manifestación voraz
por apartarme de mi
no es más que un llegar a casa
de la manera que sea
y aún a la fuerza,
me siento, me inclino, me encorvo
y vuelvo a atraparme
en el hueco mío,
allá por los rincones.

Dios en el placard

Pensé en las estrellas,
en el abrazo y en las maderas del perfume.
Puse la mesa con la sensación
de estar preparada;
que no es como el viaje imaginario
al desierto en el que amanecía
sentada en una piedra,
este amor es otra cosa .
Tampoco es la pared y la hiedra,
es el ovillo con el que juega el gato
sin una chispa de daño.
Lo aleja, lo aproxima, lo acompaña,
lo tiene.
Tenerse es un plan milagroso,
es Dios en el placard.
Han pasado los años y yo
aprendí la mejor versión
de un mediodía soleado de domingo,
el desayuno en la cama
y un pasado de niños por el comedor.
El pasto cortado, las flores,
volver del mercado
porque la casa, la mesa
las maderas de perfume y porque sí .
Hay estrellas pensadas
y de las otras.