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domingo, 29 de noviembre de 2015

Pequeño continente


Me gusta cuando la casa huele a torta
y se aclara la tarde como un delantal
de lino con puntillas.
Me dibujo señoras gordas
en los ojos,
cucharitas de té
 y rubor en las mejillas.
Saboreo un orden que no es mío,
que entró como pájaro errado
confundiendo la aurora por ventana,
que  se hace el enjaulado,  
y simula chocar con los límites  de las cosas.
Rincón, paraíso clandestino, 
de todo aquel
que es dueño del azul indefinido;
quedar preso de unas manos,
de un pequeño continente
que te besa la memoria de útero y la frente.
A veces soy esa, que se queda
sin vuelos mortales por las sombras.

viernes, 6 de noviembre de 2015

El mandato

Alguna de las mujeres de mi tribu 
tenía que romper el mandato familiar. 
Es ancestral la dependencia o el sometimiento 
pero alguna tenía que revelarse y caminar sola. 
No atrás del hombre indiferente, 
ni de la mano de las humillaciones o el maltrato. 
Podemos mirarnos juntas hacia adentro 
y ninguna es más feliz que otra, 
solo hay una que es libre 
y libre no siempre es igual a ser feliz. 
Todas, a veces, tenemos los ojos tristes
porque al final somos 
como una especie organismo unicelular 
en lo que respecta a la esencia de ser mujer. 
Muchas seguirán naciendo en la familia, 
quién sabe ya con qué rumbo 
y algunas muriendo de la manera elegida 
porque a pesar de los mandatos, 
cada una, al fin y al cabo, elige y se arriesga 
al amor, al desamor o la soledad; 
así entre todas somos una: 
la mujer de la tribu.

lunes, 3 de agosto de 2015

Barro entre dragones

A veces saco una pregunta y la planto 
arriba de la mesa 
como si fuera a germinar un poco de luz 
en la historia de tu historia.
No entiendo nada.
Pienso en lo diferente que hubieran sido las cosas
y cuando digo diferentes
quiero decir algo común
como lo que le pasa al resto de la gente,
que tiene sueños sencillos,
salir a ver si llueve por ejemplo.
Tengo una planta chiquita,
la miro y me miro.
Yo era una planta chiquita frente a vos.
Me fui quebrando como barro entre dragones.
No sé si fueron las palabras, las miradas,
las ausencias o el cartón pintando.
No sé.
Solo imagino una vida cuidada,
entre todas las cosas
que pudieran habernos pasado,
pero sin este signo de pregunta estéril
que te dibuja la cara en el rincón más inesperado,
en la mesa preparada;
fijate que no digo “en la cama”
porque te llevo a lo terrenal
y mi pregunta es al hombre
Y no al momento en que,
para mí,
te transformabas en otra cosa.
Algunos signos de preguntas son como huecos
que habitan en muchos espacios del cuerpo
y en el alma, 

quedan las balas.