Con sal.
Estoy como el pollo a diferencia que estoy sentada en una silla.
Él está calentito.
Pero yo tengo frío y se me enfrío una sóla mano.
Ya hice varias cosas y mientras lloraba pensaba que si alguien me llama, me toca el timbre o aparece de algún modo,sin que lo llame, en este momento tan movilizador ,es porque me quiere de verdad.
Huevadas, osea.
Sólo mi vecino de arriba bajó el perro a mear por la vereda.
Yo vivo en un bajo.
A veces me asomo más de lo que debiera a la ventana.
Ese no sabe ni quién soy, cómo me va a querer.
Los viajes siempre cambian cosas, antes de emprenderlos o después.
Cada vez que me muevo de verdad hay cosas en mi vida que se mueven para siempre.
Si uno le agrega salvia, romero, ajo y cinco o seis tomates pequeños cortados al medio, el pollo queda como de gourmet.
Cambia como de la noche al día.
Son muchos años, me imagino que lo menos que me puede pasar es que la idea del reencuentro tan cercano me movilice.
Que me disculpen los patriotas y que me digan que después ando extrañando por lo rincones de Barcelona, pero me sigue doliendo el país.
Este tampoco es el país de las maravillas y los euros salen más de lo que entran y muchas veces no se llega a fin de mes.
Pero camino por el pueblo sin pensar en lo que allá pensaba.
Sin miedos.
A parte los pollos de aquí ya no me parecen tan duros como al principio, hay pollos de pages, pollos amarillos, pollos de corral, pollos del Mercadona, del BonÁrea, de la Boquería.
Cuando le pongo las hierbas y los tomates le voy agregando agua a la fuente, para que quede como una salsa.
Y más de una vez le dejo la piel, aunque reviente de colesterol.
Hoy por hoy me mueven las personas.
No quiero ir a ningún lugar por ninguna otra razón que no sea "alguien".
No quiero conocer ninguna ciudad si no es en compañía.
Ni visitar la que nací si no estuvieran esperándome.
Uno no se deja en ningún lugar y los pollos son más o menos parecidos en todas partes.
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