viernes, 6 de noviembre de 2015

El mandato

Alguna de las mujeres de mi tribu 
tenía que romper el mandato familiar. 
Es ancestral la dependencia o el sometimiento 
pero alguna tenía que revelarse y caminar sola. 
No atrás del hombre indiferente, 
ni de la mano de las humillaciones o el maltrato. 
Podemos mirarnos juntas hacia adentro 
y ninguna es más feliz que otra, 
solo hay una que es libre 
y libre no siempre es igual a ser feliz. 
Todas, a veces, tenemos los ojos tristes
porque al final somos 
como una especie organismo unicelular 
en lo que respecta a la esencia de ser mujer. 
Muchas seguirán naciendo en la familia, 
quién sabe ya con qué rumbo 
y algunas muriendo de la manera elegida 
porque a pesar de los mandatos, 
cada una, al fin y al cabo, elige y se arriesga 
al amor, al desamor o la soledad; 
así entre todas somos una: 
la mujer de la tribu.

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