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miércoles, 30 de abril de 2008

Reflejos





REFLEJOS
Sorteando algún cabello
mis ojos siguen lo tuyos
y sin detenerse
pasean por el espejo.
Dos manos en la cintura
planean casi sublimes
la lenta fuga
de un sueño blanco
que solo mide su tiempo
en piel y en aliento.
Un hilo de sangre
nos pinta los labios,
abanderando el grito
más sabio y violento.
Y cuando ya no quedan
                                                    células a salvo
                                                       descubro, bajo la almohada,
                                                         una rosa.



lunes, 21 de abril de 2008

Andar con la ropa mojada

Encontrarnos con aquel ser que fuimos la primera vez que vimos la luz y estrenamos el llanto y desde ese lugar, escribir un diccionario con nuevas definiciones para las cosas.
Ese lugar donde no se camina con la ropa mojada.

EL PESO DEL AGUA
Cómo me llevo de la mano
a caminar por otro sitio.
Cómo me hablo, me acaricio
y me digo que soy
hilo de la nada.
Nada más que un fino hilo
de la trama.
Y que no importa.
Que no importa nada.
Nada más que mis manos
tomando mis manos
poniéndome a salvo
del agua que escapa
dejando su peso
en mi ropa mojada.
Cómo me explico
que a los hilos mojados
de una fina trama
el viento los seca,
que sólo es cuestión
de esperar a mañana
.

domingo, 13 de abril de 2008

...Y el séptimo día descansó...

Así con esta cara de desorbitada que tengo, aunque parezca mentira, soy una amante de la buena rutina.
No suelo salir demasiado ni tener mucha gente alrededor, a no ser que encuentre personas con las que pueda conversar y logren que mantenga la atención, porque pocas cosas me interesan tanto como para tener la cabeza en un solo lugar.
A veces suelo romper mi rutina cuando encuentro seres con los que me puedo reír y sino me quedo adentro porque para cómica ya tengo mi existencia. Me causo gracia a diario.
En mi casa tengo diferentes espacios que representan el caos, el orden, la calma, la angustia, la alegría, la juventud, la vejez ... y ningún rincón me puede faltar.
Necesito contar con éstas representaciones en las que puedo moverme libremente en soledad. Es como si el afuera resultara demasiado extenso para mi.
Yo diría que soy una tipa simple, pero mejor voy a decir que soy una tipa común, no vaya a ser que más de uno esté pensando: “¡Pero callate... si sos más complicada que la mierda!”.
Hago lo que hace el resto, a excepción de mirar televisión. Lo enciendo únicamente para mirar un documental después de hacer el amor.
Hoy tengo un domingo de cama llena de libros, cuadernos, portátil, yerba, mate, pava y azúcar...
Hoy sólo duerme el televisor...

SÉPTIMO DÍA
Era domingo
porque la reja
estaba despintada
y había una mesa
en el jardín para apoyar
los tarros y pinceles.
Y porque era día
de mirar que las zinias
no se descontrolaran
entre colores y soledades.
Porque sobraba el tiempo
para perseguir
el olor lejano
que pigmentaria
de rojo y de siesta
la mesa inundada de migas.
Eran sumas
de abulias cercanas,
de vino tiñendo
el cristal de las jarras.
Era el día de iluminar
lo simple
quemando sin ansias
cualquier vuelo absurdo
en pequeñas fogatas
de hojas y ramas.
Era domingo...
Aquel séptimo día
que no emprendió el viaje
junto a aquellos otros
que hoy me acompañan.

viernes, 4 de abril de 2008

Cosas que yo sabía...

Por momentos me descubro incapaz de reaccionar frente a los cambios acertada o erróneamente o incluso de palparlos.
Tantas veces no me doy cuenta a tiempo cuando es necesario girar, retroceder o avanzar.
Poca atención, mala percepción o vaya a saber qué anestesia hace que permanezca cierto tiempo inmóvil frente al caos.
Hasta que una brisa o expiración pasajera no prevista me hace volar.
Hay cosas que no recuerdo pero cuando era niña sabía ver y moverme antes que la brisa me rozara.
Sabía, en el fondo, que un frasco lleno de bichos de luz sólo sirven para imaginar la luz...



COSAS QUE YO SABÍA


Perfectamente sabía
cómo eran los pozos
que las ranas hacen en la tierra
y cómo después de la tormenta
deambulaban por el comedor.
Sabía de la piel del renacuajo
y de la textura del barro
en el fondo del charco.
Sabía del olor de los bichos de luz
porque les había tocado la luz
para meterlos en el frasco velador.
Entendía que la tierra debajo de la palmera
era liviana porque se mezclaba
con el excremento de las aves
y que la lluvia siempre deja
algún pájaro muerto
por eso los buscaba para enterrarlos
con cruces de dos palitos.
Calculaba que para determinadas estructuras
dos sábanas podían ser las paredes de una casa.
Sabía de cambios, texturas,
sonidos, construcciones...
pero no sabía cómo, poco a poco,
el tiempo desorienta los sentidos.
Desvía la atención y las miradas
de tales metamorfosis.
Eso sí yo lo ignoraba...