lunes, 20 de agosto de 2012

Introducción, nudo y desenlace

       Pareciera que las cosas del amor no cambian, sobreviven. Siempre son el mismo juguete didáctico. Ese que se le puede dar una forma u otras y volver a la original como si el fin fuera aprender a mirar lo ya mirado, como si nos quisiera dejar en claro que no se trata del objeto ni de todas las manipulaciones posibles. Se trata de lo que está ahí, sobreviviendo cuánto y cómo le da gana, lejos de nuestras huídas o andares.


       Me deslumbró su vida. Muchas veces la vi como una vida fuera de las otras vidas. Yo no lo quería para mirar por el ojo de la cerradura otros tipos de existencias, quería compartir mis días simples, al fin y al cabo tan simples como los suyos. Con el tiempo me di cuenta que también estaba lleno de sustancia común y corriente.

        Cuando se enojaba y desaparecía me lo imaginaba planeando un viaje por seis ciudades del mundo más un planeta, con una mujer limpia de errores y un culo mejor que el mío, su paisaje favorito. Pero la realidad lo llevaba a poca distancia, compartiendo las horas, mano a mano, con el murmullo de su intolerancia y la mía, un control remoto, tres canales de deportes y ,tal vez, una vieja compañera, tan dejada en número de veces como yo. Igual sufría y los años me mostraron que él también. Algunos cuentos no tienen final, ni siquiera abierto.





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