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viernes, 31 de mayo de 2013

El derecho a imaginarte.

Me tomo el derecho a imaginarte,
no sigo un tramo más de realidad,
ni uno,
ni una pizca de torcido,
de retuerce, de nudo,
de abrojo desmedido,
de cielo bajo tierra,
de tierra en el mar.
Duermo en tres por cuatro,
despierto, respiro,
me mudo a una  llaga
más chica: la ausencia,
nado en pileta
porque el mar se va
y yo corro hasta la puerta,
ni una arcada, ni un picaporte.
Me tomo por derecho
el sol del tres por cuatro,
navego como si pensara
en las mareas
y te veo como quiero,
no como quieras,
como fuiste para mi
en el patio de las dudas.
Imagen, grabado y matriz
son mías,
los lienzos, las copias,
el sudario,
detalles de algún rincon de la casa
que pide tu zapato,
que intenta violar el recuerdo
con un digestivo.
Un trozo de verdad
no pasa por la puerta,
tal vez los pájaro hagan migas,
la despedacen de repente,
las repartan entre las mesas del café.
Sería mejor que canten por las mañanas,
anda la luna seduciendo alas.