trascender el silencio,
entrar igual a pesar de las palabras,
encenderse y decir:
valió la pena la falta de luz,
bonita mia,
me decías a veces,
también valió la pena la noche.
Lo imaginé,
le rezé mucho al dios de la oscuridad,
le pedí esa presencia oblicua
similar a la sombra
cuando el sol estaba detrás
y nadie lo veía.
Pero hoy llueve y seguramente
me limpie de esperas mitológicas.
No hay nadie en la calle,
es un buen momento para volver a la alegría,
pasear entre jardines repetidos,
mojarme el pelo y olvidar aquellas
oraciones de rodillas.
Los caminos son para perdonar y andar,
entonces aquello que esperaba escuchar
me lo digo,
valió la pena la noche,
valió la pena
y sigo,
y puede que amanezca en aquel café
mirando el sol.
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