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domingo, 27 de noviembre de 2011

El amanecer y otros cuentos

Él insiste con el tema de los cuentos
y dibuja pozos para que yo baje,
recorra su fábula
como si fuera Alicia.
Muchas mesas y tacitas,
y puede que me diga al despertar,
tengo hambre Alicia,
o que me llame por mi nombre
y me cuelgue una maravilla de te amos,
con alfileres de gancho,
tanto a mi,
como a Alicia.
Tengo que correr,
atravesar todos estos años,
salir del cuento,
que no me dibuje una letra,
un guión,
un acertijo,
un desvío hacia el placard de la abuelita,
un colchón de chocolate;
huir con unos pájaros en las manos
y que se coman las migas del camino
para no volver a cerrar los ojos,
otra noche más,
escuchándolo.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Ajuste de cuentas

Hay verdades que no necesitan ser vistas
ni siquiera por uno mismo,
están ahí
y yo confío en ellas.
Confío en el aire que no pasa por los pulmones,
en el nudo en la garganta,
en el enfrentamiento rabioso con la introspección,
en las heridas que llegan para todos,
en el encuentro inevitable
con cada uno de los pasos que damos.
La justicia no se pide entre nosotros,
no se menciona,
es como una luz que un día
se enciende sola
adentro
y nos paga un café con el espejo.

sábado, 19 de noviembre de 2011

De cómo lloran las margaritas.

Menos mal que quedan las margaritas
para echarse, una, a la sombra
cansada de tanto, tanto, tanto y tanto.
Chiquita, fetal, desnuda,
inundada de buenas tristezas
esas que te sacan de vivir el espanto,
el gato por liebre
y ni hablar del llanto
olvidado ya,
porque se empieza a no llorar
cuando es tanto, tanto, tanto y tanto
a secarse, una,
de casi todo,
por dentro, por fuera y por los cuatro costados.
Menos mal que quedan las margaritas
y algunas gotas de rocío que caen
y ruedan pieles.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Coincidí con la lluvia

Los habitantes creen que son balcones
En la calma de haber dejado cosas
puedo vivir una mañana desarmada
sin pedir que me dibuje, el día,
la linea del horizonte
y como hoy llueve
puedo caminar bajo la lluvia
sin ser poética para nada
solo por el hecho de estar y coincidir
con la lluvia,
tan inútil como la casualidad
como lo que no se suda,
como lo que no se busca.
Alejarse, perderse,
dejar de controlarlo todo
o al menos la mayoría de las cosas,
parece un buen camino,
como comprender que no hay cosa más imbécil
que querer ayudarse a uno mismo.
Empujarse a vivir es como pensar
que si uno empuja al tren va más rápido.
Mejor subirse y andar
con lo que se tiene puesto
la vida o la muerte,
lo blanco o lo negro.
Que me miren a los ojos hoy,
que me miren.
Voy fumandome las intenciones
de a poco.
Por ahí me bajo en una estación
hay pajaritos, un poco de verde,
puede que pueda verlo,
puede que no.
Y el tren sigue más allá de mis ojos,
mucho más allá.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Balada de la mariposa y su legión

Osor - Catalunya
La mariposa,
memoria de un día,
confiaba en sus vendas
y entonces reía.
a veces pensaba
que el tiempo
limpiaba la mugre
y que sus ojos guardados
a modo de puente
unirían cubo con dados,
como una manera
más justa y decente
de mezclar la vida
sin el amor
como simple amuleto,
más bien como mano
con fuerza de reto.
Pero nadie muere
definitivamente en un día
si no ve,
y en tiempos de vientos muy quietos,
tampoco la mariposa.
Entonces vuelve diferente,
a modo de legión,
sabiendo que la mugre
de cualquier rincón
se limpia con la propia oscuridad.
no teme al derrumbe,
deja las vendas sucias,
chorreadas de mil y un escenarios,
desdibuja unos puentes,
de lejos espía
y sale.
Por fin sale
a ser lo que debe ser,
memoria de un día.