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domingo, 30 de octubre de 2011

Pequeño ensayo sobre tu luz

Sierra de Los Padres. Argentina
Vos podés alejar las moscas de mi cabeza
aunque digas:
Qué demencia pretender que yo…
Vos podés ayudar
sin tanto signo de pregunta.
Explicá de una vez,hacé así con la mano
y alejá las moscas de mi cabeza
que zumban al ritmo de tus zapatos.
Dejame descansar.
Te pido un día de mirar estrellas con vos.
Yo miro estrellas cuando te vas
y hasta parezco feliz por un rato.
Todo el rato que las ganas momentáneas
de huir de vos me lo permiten.
Pero después la tristeza,
tu ausencia, tu falta.
Y vos que me pensás hasta el infinito
y las ideas viajan
y yo soy tu idea.
(Ahora que lo pienso así
veo por qué sin vos no existo.)
Y me pensás, decía,
me pensás hasta las estrellas.
Y cuando estoy ahí, frente a ellas
empiezan a caer lentamente
así como cuando empieza a nevar,
el viento se para y la tierra se tapa.
Así  me tapo de tu luz de plata
y entonces es tarde para ver
porque uno puede ver algunas estrellas
siempre desde la oscuridad
pero miles y miles son solo luz.
Y entonces las moscas.

Drama y alegría

Villa Victoria Ocampo
A veces nos salpica solo el ruido de las gotas.
Yo tengo puesta la chaqueta de charol negra, brillante.
Tus ojos y los mios siempre fueron una especie de blues.
Nuestras miradas no son suaves
pero nos tocamos suavemente antes de tocarnos
y no hay diferencia entre el antes y el después,
siempre es suavemente.
No quiero decir cursilerías sobre la piel
así que voy a recordar cuando a los pocos días de tocarnos
me dijiste: Quiero hasta tu sangre…
Y yo jamás ahorré un centímetro cúbico para el después,
quizá porque, aún sin darme cuenta,
siempre supe en las células
que el después nuestro es siempre nosotros mismos.
A veces no estamos junto al mar
por eso nos salpica solo el ruido en la cabeza.
Y cuando no podemos estar frente al mar,
porque sería rojo de rojo sangre,
toda esa que tanto amamos
y que dejamos correr de nuestras heridas,
estamos juntos, mal o bien, en tu cabeza y en la mía
y una vez cicatrizados volvemos a mirarnos
y vos me decís:
Amor, sos mi drama y mi alegría…
y yo te digo cosas parecidas.

martes, 18 de octubre de 2011

Y luego llueve

Por qué
es una buena respuesta a la humillación.
El otro queda preso en esa mirada
que le pregunta por qué.
Baja los ojos, los hombros.
Ya no puede huir de sí mismo,
y aún sin responderse,
se escucha , se ve, se siente actuar.
Un por qué
limpio
de cualquier otra explicación
instala un corto silencio huracanado
y luego llueve.