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martes, 21 de diciembre de 2010

El momento ese en que me vi.

Cada día
los días
me dieron algo bueno
para hacer por alguien,
un par de intentos por cambiar
algún que otro rumbo equivocado;
me dieron también soledad
de la querida y de la otra,
me dieron silencios
y ya no como instrumentos
de castigo,
silencios normales.
Me dieron el momento ese
en el que, haciendo nada,
me vi
y me quise por completo.
Y todo esto empezó
cuando dejé de esperar cosas,
cuando dejé de buscarte
entre promesas baratas
y filosofías sobre el bidet,
todas hijas de las lágrimas.
Voy dejando de buscarte
un poco porque no te encuentro
y no es  que me cause gracia,
apenas cierto grado

Puerto de Barcelona
de serenidad
y algunos descubrimientos.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El hilo

El inútil esfuerzo de andar de la mano,
Un aporte a las asociaciones de lucha
contra el maltrato psicológico.
(Fotografía extraída de la red)
andar y caerse,
andar y caerse.
Era una calle angosta
y amorosamente me sujetaba a él con un hilo
me invitaba, entre risas, a jugar
a que era su acróbata favorita,
me llevaba por el borde
y angustiosamente, casi simulando un accidente,
un descuido tonto de mi parte,
me empujaba,
me paseaba en el vacío
un tiempo, días, meses,
lo necesario ,
y me subía a la cornisa del silencio
con un gesto casi de amor,
y así los años,
así los días, jugábamos los dos.
Pero después la terrible certeza
de tener razón,
de que la verdad enorme y cruda
se me instalara en el pecho,
y los ojos que empiezan a ver
y a pisar tierra firme
desatándome el nudo de a poco,
mientras un blues
me quitaba la ropa mojada
me mostraba unos mapas,
me decía: no intentes poner cara
de aquí no ha pasado nada,
tal vez sea mejor llorar un tiempo más,
pero lejos sus manos
y más cerca tu alma.