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domingo, 16 de mayo de 2010

Las amabilidades y los siempre

No voy a matizar,
así hemos quedado.
Lo que pueda sucederte
ya no lo lances
como a un proyectil
sobre mi ser gastado.
Empecé a cansarme
de lo lejano a lo cercano,
de lo desconocido a lo conocido
y tuve que aprender
a dormir sola en cucharita,
a pensar en otra cosa
en el momento preciso
a incorporar léxico nuevo,
los silencios,
y el no
como salida.
Todo en mi se fue,
menos la vida que
quedó para ordenar la casa
y lo voy descubriendo
poco a poco
a medida que van apareciendo,
casi como caricaturas,
los seres con sus dimes y diretes.
Tengo la certeza
del momento
en el que empecé a subastar
las amabilidades y los siempre
pero no de su rumbo.
Ni falta que me hace saberlo
ni llevármelos de nuevo a casa,
si ellos me trajeron hasta acá.
Perdón, si regateo
y si me sonrío a veces,
sólo a veces.