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viernes, 29 de enero de 2010

Y si las piedras te hablan, es Egipto.

Si no tienes nada
que decir
no digas nada.
Si la luna cayó
redonda y muerta
en el Mediterráneo,
si las hojas dibujaron
mandalas en el aire,
que si la paz, que si la guerra,
que si llueven ladrillos en Haití.
No digas nada que no salga
de tu lado más oscuro
o más iluminado.
Si porque un día
las piedras te hablan
crees que es Egipto,
mentira,
sólo has dormido bien
y es milagro
que lo veas
y lo digas como quieras,
siempre como quieras,
tecnológicamente o con fanzines,
como si nadie te mirara demasiado.
Dí algo,
algo que respires,
o de una puta vez
no digas nada.



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miércoles, 27 de enero de 2010

Restos de membrillo

Acomodo el frasco
en el que dejaste
mermelada de membrillo,
los restos de ese vino
y la infusión de caléndula
que no usaste,
y me voy
sorprendida
sin saber por qué me voy sorprendida
de lo cotidiano y repetido.
Si entrar en la calma
no era cotidiano y repetido.
Era como entrar a un lugar nuevo
sintiéndose nuevo,
pero somos viejos conocidos.
Me voy sin darme cuenta,
sin mirar a los costados,
por las dudas.
Como en el aire
pero abrazándote igual,
besándote en los restos de ese vino.
No entiendo
lo del frasco en la nevera con membrillo
si no estás y si me voy.
Yo pensé que ya el membrillo,
que ya el vino en la nevera,
que ya vos.




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martes, 12 de enero de 2010

La cocina

Ayer soñé con vos, estábamos las dos solas en la cocina y yo te decía: "mañana vengo y amaso pizzas, ¿querés?".
"No, mejor hacé fideos y una salsa con este perú" y me mostraste medio tomate perita con unas bolitas adentro parecidas a la pimienta en grano.
"Ah, yo no sabía lo que era un perú", te dije.
Rarezas de los sueños.
Ni bien me levanté por la mañana pude tomar la decisión y entonces saqué el pasaje.
Se ve que necesitaba la sensación de tu cocina para poder volver a casa.
No me acuerdo bien cuando te moriste, yo ya estaba acá, pero si no me equivoco ahora tendrías unos ciento cuatro años.
Vuelvo a casa, Nona, por decirlo de alguna manera.
Ya sabés que "casa" es una forma de decir, hoy me importan poco los lugares.
Yo vuelvo a ese espacio que me faltó durante todos estos años.
Estabas linda, como siempre... y esta vez yo te cocinaba.


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Vidas y manzanas, poema para Alan.

Golpea la batería como si se defendiera de la vida.
El mundo le sigue pareciendo una porquería
pero se lo ajusta bastante, al menos trata.
Devoto a su falta de voluntad la cuida como a un niño;
como a ese niño pequeño
que le dibuja el humo de algún cigarrillo en la mirada.
Juega a que trasciende sus manzanas
pero solo juega porque piensa que las manzanas
están para morderlas
y una buena parte de las cosas para ignorarlas,
sobre todo las que se muestran como buenas partes.
Su mundo no está al revés ,
solo le ocurre que ve,
por eso prefiere las noches
que es cuando menos conversaciones estúpidas hay.
Le cobra peaje a las palabras
pero a veces dice y recibe más de lo que no se dice.
Me cuesta pensar que haya aprendido cosas de mí
porque durante muchos años fuimos dos niños,
más allá de lo del parto y el alumbramiento,
cuando yo jugaba a que trascendía mis manzanas.
Pero me dí cuenta que me observa y, aunque vive yéndose,
se queda y se acomoda cuando juego a la mamá.
Un día me recordará quién sabe cómo,
casi como yo recuerdo a otros
jugar a que vivían y trascendían.


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